 Macedonio Palomino
Nació en Aguascalientes, México, en 1845. Poeta e impresor, perteneció a la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. En varias de sus publicaciones se presenta con el pseudónimo de “Leoncio” y es un poeta de raíces románticas, de vena idealista y liberal, así como de acendrada veneración al Supremo Arquitecto y a la Virgen. Como corresponde a su tiempo, asume en su obra la celebración de los héroes nacionales a la vez que las conmemoraciones personales, familiares y comunitarias. Así, al sonoro himno de factura épica le sigue una melodiosa canción para su esposa o su hija; y al acto social en el que se entregan los premios escolares le sigue una carta chusca al amigo distante, el apunte en un álbum o el homenaje de ocasión a algún artista que visitaba el lugar. Según su discípulo y amigo Estevan Ávila, Macedonio Palomino nació el 12 de septiembre de 1847; sin embargo, leemos, al pie de una de las composiciones de nuestro personaje, que su primera obra la escribió a los 17 años, “en Octubre de 1862”, lo que fijaría su nacimiento en 1845, 12 años después de Antonio Plaza y 4 después de Ramón Valle, sólo por ubicarlo frente a dos importantes poetas regionales de ese momento. De cualquier forma, hay que colocarlo (siguiendo la periodización propuesta por Ignacio Manuel Altamirano) junto a los escritores de la generación de El Renacimiento, nacidos a final de los treinta y en los cuarenta del siglo XIX. Aparece muy relacionado al grupo de Miguel M. Acosta, Luis G. Ledesma, Francisco Macías y Juan B. Rousset. Por el alcance de la divulgación de sus versos, así como por el carácter y estilo de los mismos, es posible que Ramón López Velarde lo haya leído.
Entregado totalmente a referirnos lo que acontece en su interioridad, Macedonio Palomino nos conduce desde la crítica festiva y la sátira social hasta la honda idea o al inspirado vuelo de una emoción sutil.
En sus poemas se manifiesta como un entusiasta defensor de la instrucción, la ciencia, la participación femenina, el arte y la libertad; todo ello con un constante encomendarse a lo sagrado y con sentimientos radicales de amor, de crítica, de integridad y de amistad.
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